viernes, 30 de noviembre de 2007

Noviembre dulce


Debido a un cambio de compañías he tenido algo abandonado mi blog, ahora, por fin, tengo internet, vuelvo a estar viva en la red, a poder comunicar, a expresarme.

Con la carrera terminada y las oposiciones este verano, tengo que trabajar duro para conseguir uno de los sueños de mi vida, ser profesora de Lengua y Literatura española, y para qué nos vamos a engañar, deseo con todas mis fuerzas este trabajo porque no soporto a los jefes engreídos y explotadores que te tratan con falsedad y que para ellos no eres nada, solo un número, estoy harta de trabajar como dependienta, me gusta la gente y creo que ellos se sienten cómodos conmigo, es cuestión de tratar a cada persona según su forma de ser o su edad, esto es, a las viejecitas con cariño, como si fuera yo una nieta más, y ellas de lo más contento me dicen que el regalo es para una chiquilla como yo, a las que sólo van a mirar, una sonrisa y que se muevan libres por el establecimiento, a las indecisas, no marearlas con muchos productos, decirles cual le conviene más y punto, y así a cada una de las personas, sin olvidar que hay siempre alguno que no esta de muy buen humor y que todo le parece mal, a esos, ni caso. Pero hay días en los que resulta imposible pasar de esa gente amargada y del capullo de tu jefe, que resulta que es más joven que tú y ni si quiera sin graduado escolar, y es cuando piensas que cuánto durará todo esto, cuándo me dedicare a lo mío, que es estar con adolescentes enseñándoles que en la lectura también pueden encontrar mundos maravillosos en donde refugiarse de esa tempestad maravillosa que es la adolescencia.

Ahora estoy lejos de esos jefes, de esos trabajos y me dedico a estudiar, hacer de ama de casa y disfrutar del tiempo libre, hasta que se me acabe el chollo, pero para entonces echaré currículos en otros trabajos.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Los jóvenes de Woodstock



Era la era de Acuario y los jóvenes no comprendían por qué debían ir a Vietnam, llevaban el pelo largo, ropa estrafalaria, consumían drogas y practicaban el “amor libre”, eran los hippies.

El festival de Woodstock no fue una manifestación más de todas las que hubo, ya que en ella lograron reunir a personas de toda clase y vivir tres días de paz, amor y música. Reinaba la armonía, el respeto y la tolerancia, términos tan usados verbalmente en estos tiempos actuales pero poco practicados.

¿Qué ha quedado de aquellos jóvenes que una vez soñaron con un mundo mejor?, ¿cómo vivirán ahora todos los desastres a los que nos enfrentamos?, seguro que alguien perdió un familiar en el 11 S, una persona corriente que iba a trabajar o pasaba por allí, que hacía su vida al margen de toda la porquería política que nos rodea, lejos de tener odio a otras culturas y, ¿qué pensará ahora ese viejo hippie?, ¿habrán caído las grandes y bellas columnas que mantenían su ideología?.

Debe ser triste pensar que lo que uno hizo no sirvió para nada, aunque algunos pensemos que sí fue útil lo que sucedió a mediados de los 60 en el corazón de los jóvenes de Woodstock, sirvió para no rendirnos, y para saber que si en la vida hay que luchar por una causa, sea la de la paz, porque ya bastantes desastres hay en el mundo que nos azotan el alma para matarnos los unos a los otros, para tenernos odio, para infundir la ira y la intolerancia sólo porque unos pocos no sepan hacer bien las cosas.

Imagínate

Imagina que no existe el Cielo
es fácil si lo intentas
sin el Infierno debajo nuestro
arriba nuestro, solo el cielo
Imagina a toda la gente
viviendo el hoy...
Imagina que no hay países
no es difícil de hacer
nadie por quien matar o morir
ni tampoco religión
imagina a toda la gente
viviendo la vida en paz...

Puedes decir que soy un soñador
pero no soy el único
espero que algún día te unas a nosotros
y el mundo vivirá como uno

Imagina que no hay posesiones
quisiera saber si puedes
sin necesidad de gula o hambre
una hermandad de hombres
imagínate a toda la gente
compartiendo el mundo

Puedes decir que soy un soñador
pero no soy el único
espero que algún día te unas a nosotros
y el mundo vivirá como uno.

(Lennon)

martes, 6 de noviembre de 2007

De Cranberries a O'Riordan


Recuerdo el año en que descubrí a Cranberries, tenía 15 años y un montón de sueños en la cabeza; todos los días al salir del instituto veía "Los 40 Principales",estar al día con la música en mi juventud era básico para mí, discos nuevos de viejos conocidos y nuevos grupos.

"Zombie" no era una canción cualquiera, así que no pasó desapercibida, y lo mejor de todo, no sólo me gustaba lo que oía sino también lo que veía, la estética de la cantante con ese aspecto de rockera medio mística que criticaba los desastres de la guerra me cautivaron, pensé: "Joder, he encontrado una cantante que me guste que no está muerta". Tenía amigas que les gustaba Madonna, Roxette,...pero con la única con la que me identificaba era con Jenis Joplin, por ser de una época que me volvía loca, y aún todavía, y por su libertad en los escenarios, su fuerza, su emoción. Ahora había encontrado un punto medio, una cantante reivindicativa, rockera y sensible a la vez.

La cantidad de noches que volvía a mi casa afónica de tanto desgalillarnos cantando esta canción, no importaba porque la música estaba tan fuerte que nadie podía oírnos y, en parte, nos servía como desahogo de tantos problemas de adolescente.

Hace ya 14 años que la escuché por primera vez, luego se han sucedido discos que, cada uno a su manera, me han hechizado, unos por oscuros, otros por inocentes y tiernos, y no deja de sorprenderme. El domingo fui a verla al auditorio de Murcia y creía que vería un concierto tranquilo, lleno de baladas, pero todo lo contrario, empezó con la canción que menos me esperaba oír esa noche, “Zombie”, levantando con un golpe maestro a todo el público, e intercalando canciones viejas y nuevas, logró mantener el mismo espíritu durante todo el concierto, pero no fue sólo eso lo que hizo de ese concierto un momento tan especial, la manera de sentir la música en su cuerpo, como un niño travieso y consentido, con maneras masculinas al andar, libre de todo prejuicio, el contacto directo con la gente de las primeras filas a las que tocó mil veces sus manos, y por supuesto, la sorpresa de la noche, el momento en que se bajó del escenario y cantó toda una canción entre el público que intentaba tocarla pero sin atosigarla, sentir la piel de quien te transporta tantas veces a la felicidad, fue un momento único, se confundía entre la gente que cantaban contagiados de euforia, éramos todos una misma voz, una marea humana de la que salió Dolores O’Riordan para volver a su escenario y seguir cantando, con una voz llena de colores, temas que nuestra memoria ha conservado con el paso de los años.

A todos los que fueron al concierto, enhorabuena, momentos así sólo se viven una vez en la vida.